Mientras tengamos actitudes del desierto, continuaremos viviendo en el desierto. Jesús murió para que pudiéramos tener entrada en la Tierra Prometida –la tierra de la abundancia.
Fue solamente un viaje de once días a la Tierra Prometida, pero los israelitas vagaron cuarenta años murmurando, gruñendo, quejándose, culpando a Moisés y a Dios por sus problemas (Deuteronomio 1:1-7). La falta de progreso se debió a la actitud que asumieron durante el viaje.



