Cada oración que hemos elevado, cada vez que nos hemos sometido a la autoridad cuando queríamos rebelarnos, cada ocasión en que confesamos la Palabra de Dios cuando nuestras emociones nos gritaban que dijéramos cosas negativas: cada acto de obediencia está registrado y será recompensado. Cada vez que asumimos nuestra posición de fe, adoración, y nos mantuvimos confesando lo bueno, cada vez que ofrecimos a Dios sacrificio de alabanza, Dios lo recuerda. Él no olvida las cosas que hemos hecho bien. Las tiene registradas en su libro de hechos memorables, como leemos en Hebreos 6:10: “Porque Dios no es injusto como para olvidarse de las obras y el amor que, para su gloria, ustedes han mostrado sirviendo a los santos, como lo siguen haciendo”.
Dios no olvida
Cada oración que hemos elevado, cada vez que nos hemos sometido a la autoridad cuando queríamos rebelarnos, cada ocasión en que confesamos la Palabra de Dios cuando nuestras emociones nos gritaban que dijéramos cosas negativas: cada acto de obediencia está registrado y será recompensado. Cada vez que asumimos nuestra posición de fe, adoración, y nos mantuvimos confesando lo bueno, cada vez que ofrecimos a Dios sacrificio de alabanza, Dios lo recuerda. Él no olvida las cosas que hemos hecho bien. Las tiene registradas en su libro de hechos memorables, como leemos en Hebreos 6:10: “Porque Dios no es injusto como para olvidarse de las obras y el amor que, para su gloria, ustedes han mostrado sirviendo a los santos, como lo siguen haciendo”.



