La mayoría de nosotros casi nos estamos ahogando en estrés. Vivimos en el camino, tragándonos la comida desde un restaurante de comida “para llevar” de camino a nuestras reuniones y las actividades de nuestros hijos. Otros días, nos arrastramos al final del día sin apenas la fuerza suficiente para hacer cenas en microondas. O peor aún, nos llenamos de patatas fritas o de cualquier otra cosa que podamos encontrar en el camino.
Nos desgastamos trabajando más horas, y cada vez disfrutamos menos de nuestra vida. Hacemos muy poco ejercicio, si es que lo hacemos, y mantenemos nuestro frenético ritmo mediante estimulantes como café, tés, refrescos y chocolate. Estresamos nuestro cuerpo aún más comprando más “cosas”: casas más grandes y autos nuevos, lo cual significa trabajar más horas para pagar nuestros deseos. Nuestra lista de compromisos crece mientras nuestro aguante se acaba.La gente estresada está en el camino hacia la enfermedad degenerativa y la muerte prematura. Muchos de nosotros estamos muriendo en la mediana edad. Pero no tiene por qué ser de esa manera. Podemos escoger relajarnos, ralentizar, oler las rosas y escoger una dieta sana.
Para vivir vidas más sanas y largas debemos volver a pensar en lo que nos han enseñado sobre la comida: antes de que sea demasiado tarde. ¿Cómo cambiamos nuestro modo de pensar? Podemos comenzar cambiando el porqué del comer. Sencillamente, ¿por qué come usted? ¿Come porque algo sabe bien y su carne lo desea? ¿O come porque le está proporcionando a su cuerpo energía para funcionar? Para la mayoría de estadounidenses, el comer se ha convertido más en un recreo que en una necesidad diaria basada en la sabiduría nutricional.
Ahora bien, no estoy tratando de sugerir que no debiera disfrutarse de las comidas. Dios creó todas las cosas para que las disfrutemos, y comer fue una de esas cosas. Pero cuando nuestras elecciones en cuanto a dieta, que fueron pensadas para nutrir y sostener nuestros cuerpos, en realidad comienzan a enfermarnos, entonces debemos cambiar nuestra manera de pensar.


