Desde el jardín veíamos a menudo a las gacelas saltando por la ladera del monte, brincando de una roca a otra con extraordinaria gracia y agilidad. Sus movimientos eran uno de los más hermosos ejemplos que jamás he visto al demostrar alegría al superar con facilidad y sin esfuerzo los obstáculos. Cuán profundamente los que amamos al Señor de Amor y deseamos seguirlo anhelamos el poder para superar todas las dificultades, las pruebas y los conflictos en la vida de la misma manera alegre y triunfante.
Aprender el secreto de la vida victoriosa ha sido el deseo del corazón de los que aman al Señor, en cada generación. Sentimos que daríamos cualquier cosa si solo pudiéramos, en realidad, vivir en los Lugares Altos de amor y victoria aquí en esta tierra y durante esta vida: capaces siempre de reaccionar al mal, la tribulación, la pena, el dolor y cada cosa mala de una manera que se superen y transformen en algo para la alabanza y la gloria de Dios para siempre.
Como cristianos sabemos, al menos en teoría, que en la vida de un hijo de Dios no hay segundas causas, que incluso las cosas más injustas y crueles, así como los sufrimientos que al parecer no tienen sentido y son inmerecidos, Dios los permite como una gloriosa oportunidad para que reaccionemos a ellas de una manera que nuestro Señor y Salvador sea capaz de producir en nosotros, poco a poco, su propio carácter amoroso.
Dios nos hizo para Él y nuestros corazones nunca lograrán conocer el descanso y la perfecta satisfacción hasta que los encontremos en Él.




