A través de la historia es posible detectar a muchas mujeres que se han ido abriendo paso en un mundo de hombres. Desde tener un lugar bien atrás del varón, la mujer ha sabido enfrentar desafíos enormes para ir avanzando en tomar territorios profesionales, laborales, culturales... mujeres que han ido al frente, a la vanguardia de sus épocas.
En este último tiempo he conocido muchas mujeres valiosas, procedentes de distintos países, mujeres valientes y apasionadas, que con toda gracia se ocupan de tantas cosas, cuidando de sus familias, desarrollando sus profesiones, mujeres creativas y apasionadas, que conquistan los desafíos que la vida les pone por delante. Pero de todas ellas, lo que más me ha llegado al corazón es descubrir que son mujeres de corazones sensibles, que aman a Dios y le siguen con fidelidad. Mujeres que caminan con Dios, día tras día, confesando sus debilidades y fortaleciéndose en Dios. Peleando batallas en oración, dando aliento al alma angustiada, siendo hacedoras de la Palabra, sirviendo al Señor con alegría, y deleitándose de saberse princesas de Dios.



