Me brota del corazón un hermoso poema, yo dedico mis versos al rey: mi lengua es como la pluma de un hábil escribiente.
Tú eres hermoso, el más hermoso de los hombres; la gracia se derramó sobre tus labios, porque el Señor te ha bendecido para siempre. Cíñete, guerrero, la espada a la cintura; con gloria y majestad, avanza triunfalmente; cabalga en defensa de la verdad y de los pobres. Tu mano hace justicia y tu derecha, proezas; tus flechas con punzantes, se te rinden los pueblos y caen desfallecidos los rivales del rey. Tu trono, como el de Dios, permanece para siempre; el cetro de tu realeza es un cetro justiciero: tú amas la justicia y odias la iniquidad. Por eso el Señor, tu Dios, prefiriéndote a tus iguales, te consagró con el óleo de la alegría: tus vestiduras exhalan perfume de mirra, áloe y acacia.
Tú eres hermoso, el más hermoso de los hombres; la gracia se derramó sobre tus labios, porque el Señor te ha bendecido para siempre. Cíñete, guerrero, la espada a la cintura; con gloria y majestad, avanza triunfalmente; cabalga en defensa de la verdad y de los pobres. Tu mano hace justicia y tu derecha, proezas; tus flechas con punzantes, se te rinden los pueblos y caen desfallecidos los rivales del rey. Tu trono, como el de Dios, permanece para siempre; el cetro de tu realeza es un cetro justiciero: tú amas la justicia y odias la iniquidad. Por eso el Señor, tu Dios, prefiriéndote a tus iguales, te consagró con el óleo de la alegría: tus vestiduras exhalan perfume de mirra, áloe y acacia.



