A menos que marido y mujer se perdonen a diario, el matrimonio puede convertirse en un infierno. Puede ser difícil pedirle perdón al cónyuge. Requiere humildad y la admisión de las propias debilidades y fallas. Pero esto es justamente lo que hace que el lazo matrimonial sea sano y fuerte, que los cónyuges vivan en mutua humildad, plenamente conscientes de su dependencia interior uno del otro. Dietrich Bonhoeffer escribe que tenemos que “convivir en el perdón de los pecados,” porque sin perdón ninguna comunidad humana, y menos aún el matrimonio, puede sobrevivir: “No insistan en sus derechos, no se culpen uno al otro, no juzguen ni condenen, no busquen fallas, sino acéptense el uno al otro tales como son, y perdónense diariamente el uno al otro de todo corazón.”Claves para una pareja ideal - Dos
A menos que marido y mujer se perdonen a diario, el matrimonio puede convertirse en un infierno. Puede ser difícil pedirle perdón al cónyuge. Requiere humildad y la admisión de las propias debilidades y fallas. Pero esto es justamente lo que hace que el lazo matrimonial sea sano y fuerte, que los cónyuges vivan en mutua humildad, plenamente conscientes de su dependencia interior uno del otro. Dietrich Bonhoeffer escribe que tenemos que “convivir en el perdón de los pecados,” porque sin perdón ninguna comunidad humana, y menos aún el matrimonio, puede sobrevivir: “No insistan en sus derechos, no se culpen uno al otro, no juzguen ni condenen, no busquen fallas, sino acéptense el uno al otro tales como son, y perdónense diariamente el uno al otro de todo corazón.”

