Tú vas, Señor, desparramando vidaEn la pobre aridez del barro humano;
Todo surco regado por tu mano
Es viviente canción de rubio grano.
Tú conviertes la sed de pozos muertos
En fuentes refrescantes de aguas vivas;
Y los desiertos, Cristo, que cultivas,
Florecen en tus manos compasivas.


