Todo tiene su tiempo... tiempo de reir, y tiempo de llorar.Cuando el tiempo de llorar llega a tu puerta, y las lágrimas ya no alcanzan, tu corazón anhela la calma que sólo puede dar el consuelo. Pero, ¿cómo encontrarlo? ninguna de las palabras que oyes o los consejos que te dan parecen alcanzar. Esto mismo experimentó el rey David, quien dice: "Busqué consoladores y no lo hallé." Lo mismo le pasaría mucho después a Jesús. Fíjate, ni David ni Jesús encontraron consoladores.
¿Qué hacer, entonces? Necesitas conocer quién es el Consolador. En la Biblia, Dios mismo consolaba a su pueblo en la época en que pasaban tribulaciones en el desierto o en el cautiverio, dice la Biblia en Isaías 40:1,2 "Consolaos pueblo mío. Consolad a mi pueblo. Hablad al corazón de Jerusalén..." Cuando Jesús vino, Él mismo se ocupaba de consolar, y antes de irse al lado del Padre Celestial, dejó otro Consolador, que es el Espíritu Santo. Él se ocupa de consolarnos personalmente, por eso es tan importante estar en comunión con Él.
Además, nuestros amigos y hermanos mayores en la fe también pueden porveernos de consuelo. Silenciosa consolación sin palabras, o una palabra amable, o un abrazo, o simplemente alguien que llore contigo pueden darte el sosiego que necesitas. Cuando hablo de hermanos mayores, me refiero a quienes ya llevan un tiempo de caminar junto a Dios, pues ya han sido consolados por Dios. Y con esa misma consolación que han recibido, están capacitados para consolarte a ti también.



