
Vivimos en una época de padres ausentes, padres fantasmas que no son efectivos. Aun en los casos en que las familias permanecen unidas, numerosos padres, como un avión, giran rodeando la pista, sin llegar a aterrizar. Están abocados a sus profesiones o demandas sociales. En muchos casos, también la madre sale a trabajar, ya sea para ayudar en el sostén del hogar o para ejercer la profesión para la cual se preparó. La consecuencia de esta situación es la falta de tiempo para dedicarles a los hijos.
La ausencia de los padres también puede atribuirse a no querer asumir las responsabilidades. La tasa de maternidad y paternidad adolescente es cada vez más elevada, asi que a esta edad aún no están maduros para ejercer el rol de padres. Pero también, hay adultos que prefieren vivir en una juventud permanente, y hablan, se visten y se esfuerzan para permanecer siempre juveniles.


