15 noviembre 2011

Edificar la casa

Me gustan mucho los cumpleaños. Hace poco tuve la oportunidad de celebrar el de mi abuela materna que cumplió 90 años. Pasamos un tiempo lindo en compañía de sus nueve hijos, muchos nietos y algunos bisnietos. Al entrar ella en el lugar donde se hizo la celebración, se le llenaron de lágrimas los ojos y decía: “No me esperaba esto. Es mucho más de lo que me imaginé”. Pero, en realidad, a mí no me sorprendió porque todos hemos recibido el beneficio de sus sacrificios a lo largo de los años y era poco el esfuerzo que se hizo para llegar a su celebración. Me hizo recordar las palabras de Proverbios (14:1) donde dice que la mujer sabia edifica su casa, pero la insensata la destruye.

Edificar quiere decir que donde antes no había nada, ahora existe algo de valor. Edificar cualquier cosa implica mucha planeación, esfuerzo, paciencia y perseverancia. Es estar dispuesta a pagar cualquier precio con tal de lograr que algo de valor se erija donde antes no había nada. Puedo decir que a lo largo de mi niñez, adolescencia y ahora como adulta, mi abuela siempre me ha edificado, principalmente con sus acciones, ya que es una mujer de pocas palabras. Hoy en día, creo que el valor de una mujer que se dedica a edificar a su familia se subestima. Una mujer que reconoce la importancia de invertir tiempo, esfuerzo, paciencia, enseñanza y oración en los hijos que Dios le ha entregado, es poco usual.

Cuando veo a mi abuela rodeada de hijos y personas que la aman, y se escuchan las palabras de bendición y amor que le hablan, es fácil reconocer que ella invirtió mucho de quién es ella en las personas a su alrededor. Siempre con un abrazo, una rica comida o una palabra de corrección cuando era necesario, nos mostraba su cariño y lo importante que somos para ella. Ella ha sido un ejemplo vivo de la mujer que se menciona en Proverbios porque ha edificado una familia que ahora aportan por medio de sus principios, ética de trabajo, trato de los demás, a su comunidad y país. Esto es la base para cualquier familia, comunidad o país exitoso. Los valores y principios que una madre le pasa a su familia son las piedras de ángulo que soportan y fortalecen a toda la sociedad, cuando éstas se debilitan, la sociedad entera estará en peligro de sufrir un derrumbe.

Estoy tan agradecida por el carácter que demostró mi abuela al seguir avanzando cuando estoy segura que no siempre tenía ganas de hacerlo. Su hija mayor, mi mamá, también recibió el beneficio de esto, y ella después nos pasó estos mismos principios a nosotros sus hijos. Seguro que no siempre fue un proceso placentero, pero ahora que también soy mamá, puedo apreciar todo el trabajo y los valores que me fueron inculcados por una madre de carácter y principios firmes.

Creo que puedo resumir todo con las palabras de una prima cuando dijo: “Abuela, sé que no eres perfecta, pero para mí siempre has sido un perfecto ejemplo de lo que es ser una mujer, madre y esposa”. Nadie espera que seamos mujeres perfectas, ni que seamos la Mujer Maravilla. Pero lo que sí debemos esperar de nosotras mismas es ser mujeres que se toman el tiempo para planear e implementar la edificación de nuestras familias y las herramientas no son las más costosas ni elaboradas. En muchas ocasiones lo único que se requiere para edificar son nuestras palabras (de ánimo y amor), nuestras acciones (que apoyan e impulsan) y nuestro ejemplo de lo que es ser personas esforzadas y valientes. Si utilizamos estas herramientas, sé que nuestras familias llegarán a ser todo lo que Dios desea para cada uno de nosotros. Seamos mujeres que edifican y no mujeres que destruyen.

Nolita W. de Theo
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